El discurrir constante de cuerpos por la acera
El discurrir constante de cuerpos por la acera,
su certera disposición en las filas grises del ayer,
sus brazos cruzados y abiertos,
sus piernas alternantes,
su cemento lijado al movimiento,
caminan rodeados de animales,
balbucean sus cabezas, se contaminan
sus ojos, sus horas
perdidos en relojes,
en cajas de vidrio
trasladados a la muerte
o quien sabe el quizás
los golpes son ajenos,
a pesar los colores y las formas
la asfixia se traduce en transpiración
con palabras sin sílabas
con miradas apagadas una y otra vez sobre los muros,
sobre las llagas,
propias, mejorseandeotros
desesperanza y deseo adscriben a una misma retórica;
ilusión sangrante, decapitada
el porqué se encierra sobre si mismo,
se desilusiona, reconoce su territorio,
estandartes ficticios
el olvido siempre presente
naciendo cada vez
es el rostro del tiempo
y de algunas de las cosas que el silencio ya no piensa
el sonido tiene olor a la mugre que guardan las llantas de los colectivos
y me olvidaba que el cielo está lleno de ángeles.

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