Extraño consuelo
Extraño consuelo
de pisar hojas secas,
dirán tristeza,
que no alcanza a juntar
para ser uno,
nunca alcanzó,
dirán en su resquebrajo
que estoy vencido
que no hay lugar
entre la vida y la muerte
que ni siquiera el olvido
ha de detenerse en mis pasos,
dirán tragando jirones
que se han retirado destellos y oscuros
que no he de robar otra palabra a mi cuerpo
porque se ha ido el día
igual a todos los días
porque se ha ido la nada
contando las muertes y entre ellas la mía
porque ya no asechan en las lágrimas
el viento y la sal de mi figura,
dirán de mis instantes,
que volaron,
de todos ellos que volaron
como plomo oscuro y eterno a mi cuerpo,
que se han ido,
crispando el polvo,
besando la tierra,
dirán, que se han tragado al dolor
y lo han hundido al fondo del tiempo
que se han llevado la sangre
y la han vuelto saco frío de nadie,
dirán que las bestias me esperaban
tras fusiles,
que me apuntaron todo el tiempo
que temblaba la brisa en sus cañones
que toda la noche cayó como un silencio sangrante
rojo oscuro aguado
mientras el asfalto se abría como un pecho de hielo
dirán, quién escuchó de nadie
quién escuchó todo ese silencio junto
qué nadie hizo gesto y bala sobre ese hilo de manos,
nacido y cortado, de otros
dirán que le han quitado a los que quedan lo que yo era en ellos
que era lo único que realmente era
que yo era aire que enterró sus ojos en el viento
y algo que danzó a veces en la gente que lo quiso.

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